Mi historia de emprendimiento

Y fue como me hubiese salido de mi cuerpo y me miraba desde arriba.

Estaba parada con dos clientes, mi jefe y el ingeniero que me asistía, mirando hacia el lugar donde se iba a trabajar la futura piscina y hablando sobre detalles, terminación, profundidad y demás.

Por fuera, decía que sí a todo y por dentro sólo podía pensar en mi niño de 1 año y medio a quien había enviado a la guardería sabiendo que se estaba congestionando y el clima variable del día no lo iba a ayudar en lo absoluto

A los 15 minutos me llamaron y me dijeron que le había subido fiebre.

Quería salir corriendo, pero el peso cual bloque de plomo que sentía en los pies no me dejaba y esperé a que terminara la famosa reunión.

En el camino lloré mucho porque ese plomo que me mantuvo sembrada hasta que decidieron qué iban a hacer con la piscina era el que me había sembrado los últimos dos años de mi vida.

Era el plomo de creer que no tenía opción, de sentir que el mundo se iba a acabar si yo dejaba mi trabajo, que mi jefe iba a coger cama, que me iba a salir del mercado y después no iba a poder encontrar trabajo, que iba a venir el anticristo y los zombies iban a atacar la tierra si yo movía un pie.

Ese fue mi momento decisivo. Cuando tomé a mi niño en brazos y salí con él al pediatra, toqué fondo.

Me di cuenta de que esos 2 años que había pasado llorando cada mañana al entrar a mi carro para ir la trabajo ya no aguantaba que se le sumara un día más.

Tenía ya un niño de 3 años y medio, uno de 1 año y medio y una carrera que había cumplido su misión en mi vida y que ya tenía un tiempo dándole señales a mi cuerpo y a mi alma de que era momento de soltar

Lo interioricé, le hice su procesión interna y me di mi propia terapia: empecé a ver mis opciones.  Sabía que tenía que mentalizarme para hacer una transición.

La pregunta que me hice fue:

 “¿Qué yo puedo hacer HOY para empezar a construir la vida que quiero para mí?”

Y entonces, empecé a vender mi café.

Pasé de trabajar tiempo completo en la calle, a trabajar tiempo completo desde casa con dos trabajos y dos niños.

Ese período duró unos 3 años hasta que pude dar el paso a medio tiempo desde la casa y atender a mis hijos en las tardes.

Ya, finalmente, 5 años después, logré trabajar en mis términos, en mi tiempo y con la flexibilidad que deseaba, atender a mis hijos, llevarlos y buscarlos, hacer tareas con ellos y acompañarlos en todas sus citas libremente, mientras mis marcas no sólo ya se habían convertido en rentables, sino que se habían convertido en lo que yo quería que fueran para mí.

Mi vida cambió tan radicalmente, que hasta mi salud mejoró. Mi estado emocional, mi autoestima, mi sentido de capacidad y mi aporte al mundo, todo se disparó.

La pasión que siento empoderando a mujeres en crianza y emprendimiento es el sello de mi trabajo.

La dedicación, el compromiso, la ética de trabajo y el retarme cada día a crecer más, a prepararme más y a ofrecer más, es el legado que le dejo a mis ahora 3 hijos.

La alegría y la ilusión que siento por trabajar en lo que tanto me llena y tanto disfruto es el regalo que me doy a mí misma.

Emprender es un proceso que se da desde dentro hacia afuera

Yo viví en carne propia la trasformación que se experimenta cuando te decides a dedicarle tu vida a ser productiva haciendo algo que amas.

La gente me decía que yo estaba más flaca cuando no podían descifrar que lo que veían en mi no era mi peso sino mi luz.

La veían y no podían ponerle nombre, así que “te ves más flaca” parecía ayudarlos a ponerlo en palabras.

Me llené de luz. Eso fue lo que me pasó

Eso es lo que quiero que te pase a ti.

En este mundo hace falta gente que sea feliz haciendo lo que ama.

SE PUEDE y yo estoy comprometida a ayudarte a lograrlo

Gianny Liranzo

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