Llega mi esposo del trabajo y me encuentra con el bebé pegado al pecho dormitando apoyado en un brazo, mi hijo del medio sentado del otro lado jugando ceritos conmigo y con el mayor, vamos repasando en voz alta para un examen.

Minutos antes le había escrito a él por WhatsApp para decirle algo sobre la cena.

Me mira y le digo (con un tono de satisfacción personal): ¡ésto se llama multitasking!

Escenas así, que combinan la ejecución de una cantidad de cosas hechas simultáneamente, es el día a día de la mayoría de las mujeres y especialmente las madres.

Como sociedad se nos ha vendido el cuento de que algo que nos glorifica como género es que podemos hacer varias cosas a la vez (implicando que los hombres no) en una lucha continua por zafarnos del estigma de ser llamado “el sexo débil”.

Parimos, amamantamos y multitask.

Parecería que esas son nuestras grandes ventajas.  Lo que nos separa y nos reivindica.

Sin embargo, a medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que el multitasking no es una ventaja, es todo lo contrario, va en perjuicio de nosotras, de nuestra salud física y mental, de nuestra eficiencia y de nuestra paz.

Creo que todo este efecto, a la larga negativo, se da por dos razones básicas en las que quisiera profundizar:

1.Nos hace crear expectativas irrealistas de nosotras mismas:

Cuando creemos que con nosotros viene genéticamente la capacidad de hacer 5 cosas a la vez y todas bien hechas, nos metemos una presión enorme por cumplir.

Es ahí donde creemos que estamos ‘hechas” para manejar exitosamente todos los aspectos de nuestras vidas: mujer, madre, esposa, hija, jefa, empleada, emprendedora, amiga y demás.

Nos maquillamos en los cambios de luces del semáforo, mientras desayunamos en el camino a una reunión y, desde la reunión, estamos haciendo cita con el pediatra, respondiendo el text a una amiga que tiene un problema y agendando que hay que pagar la luz.

Ponemos la barra tan alta para nosotras mismas que nos deshumanizamos en el proceso, porque ya no somos una mujer, una emprendedora, una mamá, una persona, ya nos convertimos en una máquina de ejecución que, si se “programa bien” puede hacer 500 cosas en 24 horas.

Ese “si se programa bien” implica que si no lo logramos TODO, entonces no tiene nada que ver con las titánicas tareas que nos encomendamos, sino con que (ya adivinaron) no hicimos “bien” nuestro papel de super planificadoras.

Nos medimos con una vara que construyeron para nosotras, no necesariamente una que funcione para nosotras y éso, nos hace daño.

La presión de tener siempre que lograrlo todo, terminarlo todo, organizarlo todo y resolverlo todo – incluyendo cosas que fácilmente nos damos cuenta de que no son ni necesarias y ni siquiera importantes- se hace mucho mayor cuando planificamos para hacerlo porque podemos o, peor aún, debemos poder.

2. Nos roba la oportunidad de vivir el presente, presente:

¿Qué es la vida sino los momentos que vivimos?

Cada uno de ellos, no todos juntos, sino cada uno en su simplicidad y su esplendor.

El multitask, sin lugar a dudas, nos roba la oportunidad de vivirlos a plenitud.

Cuando mi esposo llegó y me encontró con los 3 niños encima haciendo 3 cosas diferentes tuvo que saber que no estaba poniendo 100 por ciento de mi atención a cada uno de ellos.

Y no es que no me esfuerce, es que no es posible.

¿Cómo podría arrullar a mi bebé, cantarle y sentir su calorcito y su olor mientras veo donde voy a poner la X en el juego con el segundo y discuto sobre cuál es el río más largo del mundo con el primero?

¿Cómo podría hacer un jugada ganadora, con una estrategia profesional, mientras estoy en equilibrio soportando el peso del que amamanto y tratando de recordar lo que aprendí en la escuela sobre los ríos?

¿Cómo podría entablar discusiones constructivas y ayudar a mi hijo a desarrollar argumentos y llegar a conclusiones mientras tengo al bebé colgado y al segundo niño esperando impacientemente que haga mi jugada?

Es una situación típica en que apenas pude hacer 3 cosas a la vez pero en ninguna estuve presente,  ninguna las disfruté como el momento lo merecía y lo permitía y, al final, me sentí agotada, a medias y mis hijos no estaban satisfechos con nada de lo que hicieron conmigo porque siempre estuve a medias.

Por estas razones pienso que el multitask es un engaño.

Me ha engañado como mujer, como madre y como emprendedora.

Me ha hecho creer que está bien ponerse loca llenándose de responsabilidades y de tareas que no son humanamente realizables en el tiempo propuesto y que es normal siempre tener acumulación constante de cosas por hacer.

El multitasking se ha convertido en mi monstruo a vencer y la forma de hacerlo es, sin dudas, simplificando la vida y viviendo el presente con propósito e intención.

Creo que este es un buen momento para despertar y tomar consciencia activa de lo que el multitasking nos esta haciendo en el momento que nos vemos como la famosa imagen de la mujer tipo pulpo, que no es real, que no es sana, que nos desgasta y no nos deja disfrutar la vida que hemos luchado por construir.

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